SOMBRAS DEL TIEMPO/ Lectura que cura

Lectura que cura

Fernando de Jesús

En nuestros tiempos, la lectura parece ser una práctica que despierta cada vez menos interés entre la población. Sin embargo, existen movimientos que no solo buscan fomentarla, sino convertirla en una herramienta para acompañar emocionalmente.

Bajo este panorama incierto de la lectura, la Orden Alfabética demuestra que un libro puede tener una función que va más allá de sus páginas. Cada miércoles, sus integrantes se reúnen para poner en práctica una iniciativa que ellos denominan “La lectura que cura”, con la finalidad de prevenir el síndrome del cuidador, entendido como el estado de agotamiento físico, mental y emocional que sufren las personas que cuidan de forma constante a un familiar enfermo o dependiente.

El grupo se encarga de compartir lecturas con personas que se encuentran en hospitales y albergues, acompañando a un familiar o conocido que permanece hospitalizado. La intención es conversar, distraer, reflexionar y establecer vínculos con este sector, para que encuentren un espacio que vaya más allá de la escucha: un lugar donde también puedan hablar y sentirse acompañados.

LA ORDEN ALFABÉTICA, CLUB DE LECTURA VIBRANTE.

Este movimiento inició como un club de lectura dirigido a la comunidad amante de los libros. Cada viernes, sus integrantes continúan reuniéndose para platicar sobre diferentes tipos de obras literarias e incentivar a cualquier persona interesada a adentrarse en el mundo de las letras. No obstante, la Orden Alfabética ha conseguido generar un impacto que va más allá de un club de lectura.

El movimiento pretende ser una fuente de apoyo social a través de la lectura en voz alta. Si bien sus integrantes tienen en planes otros proyectos que permitan acercar la lectura a distintos sectores, por el momento “La lectura que cura” se mantiene dando fuerza y acompañamiento cada miércoles a quienes se encuentran en espacios hospitalarios de Pachuca.

De acuerdo con datos del INEGI, la cantidad de lectores en nuestro estado ha disminuido. Esto puede relacionarse con múltiples factores, como el cambio de los formatos impresos a los digitales o el propio desinterés de una parte de la población por leer libros. Aunado a ello, es importante recalcar que también hacen falta espacios y eventos culturales, sobre todo en las zonas rurales, donde no siempre existen librerías o bibliotecas públicas activas. Incluso festivales como la Feria Universitaria del Libro pueden tener un alcance limitado para estas comunidades.

Quizá por eso vale la pena mirar con mayor atención a movimientos como la Orden Alfabética. Su importancia no radica únicamente en promover una práctica que parece perder terreno, sino en demostrar que la lectura todavía puede acercarnos a los demás. Un libro no puede resolver por sí mismo las dificultades de quien atraviesa un momento complicado, pero una voz que lee, una conversación y la posibilidad de sentirse acompañado pueden hacer que ese momento sea un poco menos solitario.

Tal vez ahí se encuentre una de las funciones más valiosas de la lectura: no solamente permitirnos conocer otras historias, mundos e ideas, sino recordarnos que, incluso en momentos difíciles, siempre podemos encontrar una historia que escuchar y alguien dispuesto a compartirla.

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