El cuerpo sin órganos: De Artaud a Deleuze

El cuerpo sin órganos: De Artaud a Deleuze

Por Melchisedech D. Angulo

La censura radiofónica en 1947 de Para terminar de una vez con el juicio de Dios, la obra tardía de Antonin Artaud, marca un parámetro en la historia de la libertad de expresión francesa y figura en el torrente de la filosofía contemporánea uno de sus conceptos más subversivos: el “cuerpo sin órganos” (CsO).

Lo que comenzó como un grito de guerra poético contra el sometimiento biológico y teológico del ser humano, fue transformado décadas más tarde por Gilles Deleuze y Félix Guattari en un operador conceptual clave de su proyecto filosófico. En el célebre capítulo 6 de Mil mesetas (1980), los autores recuperan la herencia artaudiana para proponer una pragmática radical, mudando la metáfora literaria en una potencia ontológica, ética y política que desafía los pilares de la subjetividad moderna.

Para Artaud, el “juicio de Dios” representa toda fuerza trascendente —el Estado, la Iglesia, la moral o la ciencia— que secuestra la potencia vital del cuerpo para clasificarla y domesticarla. Su propuesta del Teatro de la Crueldad no pretendía ser una ficción dramática, sino una intervención física real capaz de romper los automatismos humanos y liberar las energías reprimidas por siglos de disciplina cristiana y social.

Al declarar que “no hay nada más inútil que un órgano”, Artaud defendía la emancipación del cuerpo frente a su organización funcional. El cuerpo sin órganos germina en su pensamiento como ese horizonte de liberación; un territorio no vacío, sino saturado de flujos, intensidades y fuerzas vivas que se resisten a ser confinadas en un destino biológico predeterminado.

Deleuze y Guattari absorben esta intuición materialista y la integran en una compleja ontología de la inmanencia, donde el CsO se define rigurosamente por su oposición al concepto de organismo. Desde esta perspectiva, el organismo constituye una estratificación: una captura institucional y jerárquica que impone formas y funciones específicas a los órganos para volverlos útiles, predecibles y productivos para el engranaje social.

El CsO, por lo tanto, no combate a las partes físicas en sí, sino a la tiranía de su organización normalizadora. Para explicar esta coexistencia virtual, los filósofos proponen la imagen zoológica del huevo como una matriz intensiva, un plano de consistencia contemporáneo al propio organismo que no remite a un estado infantil o regresivo, sino a un medio de experimentación siempre- presente.

La física de este concepto se despliega en un espacio puramente intensivo —el spatium— donde el deseo deja de ser concebido bajo la lógica psicoanalítica de la falta o la carencia y pasa a entenderse como una máquina de producción positiva. Evocando la herencia monista de Baruch Spinoza, los autores señalan que figuras tan dispares como el místico, el masoquista, el esquizo o los amantes construyen sus propios campos de inmanencia, donde las coordenadas del “yo” y del “otro” se diluyen en favor de ondas y gradientes energéticos.

ENCUENTRO EDGAR VARÈSE Y ANTONIO ARTAUD.

En este plano, el grado cero de la intensidad funciona como la matriz generativa fundamental desde la cual brotan las diferencias. El placer, lejos de ser la meta del deseo, es interpretado como un freno o una reterritorialización que interrumpe la libre circulación de estas fuerzas moleculares.

Lejos de quedar atrapado en la abstracción metafísica, el CsO se postula como una pregunta estrictamente práctica y metodológica: ¿cómo hacerse un cuerpo sin órganos? Deleuze y Guattari advierten que esta construcción exige una prudencia extrema, advirtiendo contra los peligros de una desestratificación violenta o descuidada. Un desmantelamiento torpe de las estructuras puede derivar en el “cuerpo vacío o vidrioso” de la catatonia y la destrucción creadora, en el “cuerpo canceroso” del totalitarismo fascista, o en el desespero paranoico del hipocondríaco. La consigna metodológica no prescribe el uso del martillo, sino de una lima muy fina; es imperativo conservar una dosis mínima de organismo, subjetividad y significancia que garantice la supervivencia mientras se sabotean los estratos dominantes.

@_Melchisedech

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