Por LA COMUNICÓLOGA
Se acabó el Mundial 2026 con sede en nuestro país. Se nos acabó la unión, se nos acabó el orgullo de sentirnos mexicanos, de apoyar a un solo equipo, de ser parte de un solo bando. Se nos acabaron las reuniones con los amigos, con la familia, se nos acabó el ponerse la “verde”. Se nos acabó abrazar al de al lado sin conocerlo, se nos acabó el llorar de alegría, el gritar a todo pulmón, de mentar madres al árbitro.
Niños, adultos mayores, de todas las religiones, personas con distintas formas de pensar, todas y todos, abrazamos juntos un sueño.
Se nos acabó el ¿Y si sí?…
Y qué pasaría si los próximos meses, continuaremos con esa unión, con ese orgullo de ser mexicano, trabajando en equipo, México sería otro. Porque los partidos no se ganan con una sola estrella, sino con un gran equipo que colabore hombro a hombro para el mismo fin.
Entendiendo que cada jugador tiene una función específica. Y si seguimos actuando como si fuera un mundial y todos sentimos pasión e ilusión para ver a México como un país triunfador. Un país con oportunidades para todos, un país donde nos miremos iguales, donde no dejemos que los discursos políticos sigan sembrando odio hacia nuestro prójimo.
Un país, donde todos jugamos para el mismo bando, pero que ese bando nos vea y nos apoye por igual. Donde se acaben las mentiras y calumnias a los que piensan diferente. A poco no, tendríamos un país más unido, sin tantas cortinas de humo tapando.

Y la prueba la dieron los futbolistas Lionel Messi de Argentina y Kylian Mbappé de Francia, protagonistas, estrellas, jugando solos y así, así se quedaron, sin equipo para ganar. Caso contrario nos mostró la selección de España, a quienes vimos jugar cada partido como equipo, con la certeza de que cada jugador es una pieza clave e importante.
Ya nos dimos cuenta que sí podemos unirnos para un mismo fin, llevemos esa unión a nuestra colonia, a nuestro municipio, a nuestro estado, a nuestro México.


