Del festejo al caos: la violencia en el Mundial exhibe la deuda pendiente de México con la regulación del alcohol

Del festejo al caos: la violencia en el Mundial

* La evidencia internacional muestra que el consumo de alcohol en contextos deportivos incrementa el riesgo de agresiones, vandalismo y otros daños tanto en espacios públicos como dentro de los hogares

* Las estrategias promovidas por la industria alcoholera, como el “consumo responsable” o la autorregulación, no son efectivas para prevenir estos problemas 

* Especialistas y organismos internacionales como la OMS y la OCDE señalan que las políticas más efectivas para reducir los daños por alcohol incluyen aumentar los impuestos, restringir la publicidad y el patrocinio y limitar la disponibilidad mediante controles sobre horarios y puntos de venta, medidas que México aún tiene pendientes de fortalecer

Ciudad de México, 23 de junio de 2026. – Las imágenes de peleas, destrozos y enfrentamientos registradas en el Ángel de la Independencia durante las celebraciones por la victoria de México en la Copa Mundial 2026, no son hechos aislados ni simples excesos de aficionados. Para organizaciones de la sociedad civil y especialistas en salud pública, estos episodios evidencian un problema más profundo: la ausencia de una política integral sobre alcohol en México y la mal llamada “normalización” de su consumo en eventos deportivos.

Las escenas difundidas por diversos medios nacionales, mostrando riñas, agresiones a mujeres, actos vandálicos y afectaciones al espacio público, reavivaron el debate sobre la necesidad de regular la venta de bebidas alcohólicas durante las concentraciones masivas.

Incluso, autoridades de la Ciudad de México han planteado analizar restricciones para los siguientes encuentros, ante la preocupación por los riesgos asociados al consumo excesivo.

De acuerdo con Verónica Lozano, directora del Centro Especializado en Prevención y Rehabilitación a las Adicciones (CEPRA) del Instituto Mexiquense de Salud Mental y Adicciones (IMSAMA), “la intoxicación alcohólica no solo afecta las capacidades físicas y cognitivas de las personas, sino que también modifica de manera importante los mecanismos cerebrales encargados de la regulación emocional, el juicio crítico y el control de los impulsos”.

“El alcohol también altera la actividad de las estructuras involucradas en el procesamiento de las emociones como el miedo, la ira y la agresividad. Como consecuencia de esto, los individuos intoxicados pueden presentar una menor capacidad para suprimir respuestas impulsivas y una mayor probabilidad de reaccionar de manera desproporcionada o agresiva ante situaciones de frustración, provocación o conflicto”.

Diversas organizaciones han mostrado que la relación entre deporte y alcohol constituye una combinación de alto riesgo, donde las emociones intensas que acompañan a las competencias deportivas se ven amplificadas por el alcohol, incrementando la probabilidad de violencia, agresiones y conflictos tanto en espacios públicos como dentro de los hogares.

Asimismo, durante temporadas deportivas la investigación científica ha observado aumentos importantes en las agresiones domésticas y no domésticas.

Alonso Robledo, vocero de la Red de Acción sobre Alcohol (RASA), declaró: “Por qué las autoridades siguen negándose a implementar las medidas que han demostrado funcionar. Vemos con preocupación cómo, una vez más, las autoridades reaccionan cuando la violencia y los daños ya ocurrieron. Una ‘ley seca’ temporal no resuelve el problema de fondo. Mientras el alcohol siga siendo barato, fácilmente accesible y promovido de manera masiva, las consecuencias seguirán repitiéndose.

“Por ello exigimos una reforma integral a la regulación del alcohol en México. Es inaceptable que, pese a los costos humanos, sociales y económicos que genera, el marco regulatorio permanezca prácticamente sin cambios desde 2015”.

Frente a ello, especialistas y organismos internacionales hacen un llamado para avanzar desde el poder ejecutivo hacia medidas más efectivas: aumentar los impuestos a las bebidas alcohólicas, establecer restricciones integrales a la publicidad y al patrocinio deportivo, así como también incorporar etiquetados con advertencias sanitarias claras y fortalecer las políticas de disponibilidad mediante controles sobre horarios, puntos de venta y acceso al alcohol.

“Porque cuando la celebración termina en violencia, el problema no es la pasión por el futbol. El problema es seguir creyendo que la autorregulación y los llamados al “consumo responsable” bastan para enfrentar uno de los principales desafíos de salud pública del país”, concluyó RASA.

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