Por Antares Cervantes
En la política municipal hay una tentación recurrente, confundir la promoción personal con el trabajo público. Algunos alcaldes comienzan a mirar hacia la siguiente elección cuando todavía tienen pendientes que resolver en la administración que encabezan. La continuidad se convierte en aspiración, aunque los resultados cotidianos no siempre acompañen el discurso.
Hidalgo ya entró en esa conversación rumbo a 2027. Jorge Reyes Hernández, alcalde de Pachuca, y Eduardo Medécigo Rubio, de Mineral de la Reforma, aparecen en la cobertura política reciente vinculados con la ruta interna de Morena hacia la reelección. La pregunta de fondo no es quién quiere permanecer, sino qué argumentos verificables puede presentar para justificarlo.
En Pachuca, la discusión sobre la imagen digital adquirió relevancia en mayo de 2026, después de difundirse un audio atribuido al alcalde en el que presuntamente se condicionaba la permanencia de trabajadores a que reaccionaran y compartieran publicaciones oficiales. La información fue reportada por medios nacionales; el contenido, por sí solo, no acredita la existencia de una red de bots ni demuestra un uso ilegal de recursos públicos. Sin embargo, abre un debate legítimo sobre los límites entre comunicación institucional y promoción personal.
Las encuestas tampoco son certificados de buen gobierno. Una medición telefónica puede registrar aprobación, pero su valor depende de la metodología, la muestra, las preguntas y la transparencia de quien la realiza. En febrero, el Ayuntamiento de Pachuca se deslindó de una encuesta sobre la reelección de Jorge Reyes cuyo origen no pudo identificar.
Incluso las cifras oficiales requieren contexto. En abril de 2026, la Auditoría Superior del Estado de Hidalgo otorgó a Pachuca 100 puntos y a Mineral de la Reforma 90.5 en su Índice de Evaluación del Desempeño 2025. Es un indicador administrativo basado en información financiera y de gestión; no equivale a una calificación integral de los servicios públicos ni demuestra, por sí solo, que las necesidades ciudadanas estén resueltas.

Ahí está el verdadero desafío para cualquier aspirante a repetir en el cargo, demostrar con evidencia qué cambió, qué presupuesto se ejerció, qué obras se concluyeron y qué problemas siguen pendientes. Los likes no reparan calles, las fotografías no sustituyen servicios y una encuesta no borra las deficiencias.
La reelección puede ser una posibilidad legal, pero no debe convertirse en un premio automático por administrar la imagen. Quien pretenda continuar necesita rendir cuentas sobre su gestión, transparentar sus resultados y aceptar el escrutinio público.
Porque gobernar no consiste en conseguir que las redes hablen bien de un alcalde. Consiste en construir razones para que la ciudadanía evalúe su trabajo más allá de las redes.


