Por LA COMUNICÓLOGA
Los festejos y celebración por los triunfos de la selección de fútbol de México en el mundial 2026, en el Reloj Monumental de Pachuca, Zócalo de la CDMX, Ángel de la Independencia y Avenida Reforma, nos dejaron ver a jóvenes y adultos, haciendo el famoso “quiere volar”, (donde un grupo de personas carga a alguien y lo lanza al aire en repetidas ocasiones).
Miles de personas caminaban por la Avenida Reforma, y en Pachuca en el tradicional Reloj, portando coloridos atuendos que iban desde botas vaqueras con la playera de la selección mexicana, hasta chanclas de baño con su outfit futbolero. Maquillajes, donde el color predominante era el rojo y verde. Ondeaban banderas de México. Algunos hombres, mostraban sus músculos del torso desnudos.

Todas estas imágenes nos causaban una especie de orgullo al ver el ingenio (creatividad) mexicano. Es más, llegó hasta Palacio Nacional la presencia del pato Merlín, que se hizo viral después de pasear por las calles del Centro Histórico. Todo ello, lo vemos sin juzgamiento alguno. Decimos: es la alegría natural que representa a los mexicanos, fiesteros, alocados, que traen la música en las venas. Acciones que aparentemente no ofenden a nadie o al menos así es la narrativa social.
Porque también hay que hablar de las más de mil 500 personas heridas después del triunfo de México vs Ecuador y de las cuatro personas fallecidas en las inmediaciones de Paseo de la Reforma y el Ángel; al que asistieron más de un millón de personas.
¿Por qué no hacemos escándalos por esas cifras? ¿Por qué normalizamos ese tipo de celebraciones? ¿Y por qué, condenamos la Marcha del Orgullo LGBTQ+? ¿Por qué criticamos la marcha de los colectivos que realizan el 8 de marzo?
Qué pasa cuando las mismas personas salen a celebrar su orgullo de identidad (LGBTQ+), con ropas creativas y maquillajes llamativos. En ese caso, queremos censurar, denostar. La narrativa nos ha dicho que lo que no es igual, es peligroso.

Y que pasa también con los colectivos que salen a marchar, a gritar consignas, por la desaparición de mujeres, también como sociedad queremos callar y minimizar su movimiento. Porque es más fácil solapar silenciosamente los destrozos por la euforia mundialista, que aquellos para visibilizar la muerte.
Normalizar a unos y enjuiciar a otros. La próxima vez que hombres y mujeres tomen las calles de CDMX para demostrar su orgullo de identidad o para buscar a sus muertas, recordemos cuando más de 1 millón de personas salieron a las calles, al Ángel de la Independencia a demostrar su apoyo, solidaridad y empatía a 11 mexicanos que juegan al balompié.


