Metal Político / México entre el discurso y la realidad

Metal Político / México entre el discurso

Antares Cervantes

Claudia Sheinbaum prometió continuidad con cambio. Sin embargo, conforme avanzan los meses de su gobierno, la narrativa parece haberse convertido en una repetición inagotable, la culpa siempre es de los gobiernos anteriores, de la “derecha”, de los adversarios o de los críticos. El problema es que gobernar exige algo más que administrar agravios históricos.

Resulta llamativo escuchar, una y otra vez, que todos los males del país son consecuencia del pasado, cuando el movimiento que hoy encabeza acumula ya varios años controlando la Presidencia, el Congreso y buena parte de las gubernaturas.

La oposición puede ser un adversario político; difícilmente puede convertirse en explicación permanente de cada pendiente nacional.

La desconexión entre el discurso y la realidad también se refleja en episodios simbólicos. Mientras la presidenta afirma vivir y celebrar “con el pueblo”, diversos eventos, estos destacan por tener grandes operativos de seguridad extraordinarios. Durante la inauguración del Mundial 2026, el gobierno desplegó más de 55 mil elementos para garantizar el orden y evitar protestas.

La imagen de cercanía popular termina inevitablemente contrastando con la de un poder protegido por amplios cinturones de seguridad.

En el terreno económico, los desafíos tampoco admiten consignas. La Ley de Ingresos 2026 autorizó un endeudamiento interno neto de hasta 1.78 billones de pesos. Organismos empresariales han advertido además sobre un crecimiento acelerado de los pasivos públicos y el peso creciente del servicio de la deuda en las finanzas nacionales. Mientras tanto, datos recientes muestran una caída de 18.4% anual en la inversión física del gobierno durante los primeros meses del año, un rubro indispensable para detonar crecimiento y empleo.

México enfrenta problemas urgentes: inseguridad, bajo crecimiento económico, rezagos en salud, infraestructura insuficiente y una profunda crisis de confianza institucional. Ninguno se resolverá con conferencias matutinas ni con la construcción de enemigos convenientes.

El liderazgo político implica asumir costos, corregir errores y presentar resultados. La historia suele ser generosa con quienes gobiernan con eficacia; es mucho menos indulgente con quienes convierten la narrativa en sustituto de la realidad.

Porque después de cada explicación, de cada culpable señalado y de cada aplauso partidista, persiste la pregunta que millones de mexicanos se hacen todos los días: ¿cuándo dejará el país de vivir del discurso para comenzar, por fin, a avanzar?

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