De no poder comunicarse a publicar una novela: la historia de Woody Brown

De no poder comunicarse

* Diagnosticado con autismo severo, los médicos dijeron que no hablaría, pero llegó a estudios de posgrado y debutó como novelista

THE NEW YORK TIMES https://www.nytimes.com/es/

Por Alexandra Alter

Reportando desde Monrovia, California

Woody Brown supo que quería ser escritor cuando tenía 8 años. A esa edad, inventaba historias sobre su alter ego, Cop Woody, un héroe que salvaba a la gente.

Los cuentos dejaban atónita a Mary Brown, su madre, quien le leía desde que era un bebé, pero nunca imaginó que pudiera crear sus propias tramas, tan elaboradas.

De pequeño, Woody fue diagnosticado con autismo severo. Los médicos concluyeron que no podía procesar el lenguaje y que era inútil explicarle cosas o hablarle con oraciones complejas. Cuando Woody hablaba, sonaban chillidos y galimatías.

Pero Mary empezó a darse cuenta de que su hijo entendía más de lo que parecía. Se ponía histérico si se desviaban de su rutina diaria, pero si ella le explicaba por qué tenían que parar en Target antes de comer en McDonald’s, la seguía tranquilo.

A los 5 años, Woody aprendió a comunicarse señalando letras para deletrear palabras, utilizando una tarjeta plastificada. Empezó a responder a las preguntas de Mary, primero con respuestas de una sola palabra, y luego con frases cortas. Cuando empezó a deletrear sus historias de Cop Woody, Mary reconoció algunas de las tramas, que estaban sacadas de los titulares. Woody había seguido las noticias por la tele y la radio.

Así fue como mamá se dio cuenta de que estaba escuchando todo”, me dijo Woody cuando nos conocimos en una mañana reciente en casa de sus padres en Monrovia, California, donde vive.

“Tengo todos los pensamientos, sueños, deseos e inteligencia que cualquier persona neurotípica”, dice Woody Brown, autor de Upward Bound, aquí con su madre en su casa en California. Fotos/ Peyton Fulford para The New York Times

Para expresarlo, Woody tocaba letras en una pizarra con el dedo índice derecho, mientras Mary, que estaba sentada a su lado en el sofá, seguía los golpecitos de sus dedos y repetía las palabras en voz alta.

Cuando aprendió a comunicarse deletreando, sintió como si se abriera una vía de escape, explicó Woody.

“Un descubrimiento milagroso”, deletreó. “Pensé que estaría enjaulado toda mi vida, y de pronto la puerta se abrió —entreabierta, no de par en par, porque la mayoría de la gente seguía dudando de mí”.

Woody Brown usando un tablero de comunicación para responder preguntas. / FOTOS: Peyton Fulford para The New York Times

Tras licenciarse en Lengua y Literatura Inglesa en la Universidad de California en Los Ángeles, de la que fue el primer autista no verbal en graduarse, Woody completó una maestría en escritura creativa en la Universidad de Columbia.

Este mes publica su primera novela, Upward Bound, centrada en la vida de personas con discapacidades de un centro diurno para adultos del sur de California. La novela, que Woody escribió al ritmo de un párrafo al día, ha suscitado entusiastas críticas anticipadas y elogios de escritores como Paul Beatty, Roddy Doyle y Mona Simpson.

Beatty, quien fue uno de los profesores de Woody en Columbia, dijo que le impresionó la variedad de personajes y voces de Upward Bound, y cómo se complementan como un coro.

“Creo que los personajes, como el propio Woody, saben lo que quieren decir”, dijo.

Aunque no son estrictamente autobiográficas, las historias de Upward Bound están influidas por la experiencia de Woody. Describe la angustia de no poder expresar sus pensamientos ni controlar sus tics verbales y físicos, y la frustración de ser subestimado por quienes lo perciben como alguien incapaz de comprender.

“Quería llegar a lectores neurotípicos, personas bienintencionadas que no se dan cuenta de que somos iguales por dentro”, explicó Woody. “Tengo los mismos pensamientos, sueños, deseos e inteligencia que cualquier persona neurotípica. Solo me expreso de forma distinta”.

La mañana en la que nos conocimos, Woody, Mary y los dos perros de la familia, Morton y Brisket, me recibieron en la puerta de su casa, situada en una calle tranquila cerca de las estribaciones de las montañas de San Gabriel. Conversamos en intervalos de media hora, la cantidad de tiempo que Woody podía tolerar sin agobiarse demasiado.Sentado en la sala, Woody miraba con frecuencia un carrito metálico con ruedas que tenía a su lado, al que Mary llama su “carrito audiovisual”. En él había dos iPad y dos computadoras portátiles que reproducían distintos programas que le gustan, incluido su favorito, Thomas y sus amigos, la serie animada infantil sobre trenes parlantes.

PORTADA DEL LIBRO DEL AUTISTA NO VERBAL, WOODY BROWN.

El conjunto de imágenes en movimiento parecía caótico y distractor, pero le ayuda a mantenerse tranquilo, explicó.

“Tengo muchos canales funcionando simultáneamente en mi cerebro atareado”, explicó. “Si intento reducirlo a uno solo, siento que me estalla la parte superior de la cabeza”.

Al estar cerca de Woody, me sorprendió su aplomo y sus respuestas rápidas y decisivas. Cuando le pregunté qué espera que los lectores saquen de su libro, respondió sin dudar: “Que soy un muy buen escritor y que no pueden esperar a leer el próximo”.

Fue una de las pocas veces que me miró de reojo y sonrió.

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