Metal Político / La factura del populismo fiscal

Metal Político / La factura del populismo fiscal

Por Antares Cervantes

Las finanzas públicas no suelen estallar de un día para otro. Primero se tensan, luego se estiran y finalmente se rompen. México podría estar acercándose lentamente a ese punto de presión si no corrige una ecuación cada vez más evidente, más gasto permanente, menos ingresos estructurales y una creciente dependencia del endeudamiento.

Los números oficiales comienzan a delinear el problema. De acuerdo con la Secretaría de Hacienda, el déficit fiscal de México cerró 2025 en 4.3% del Producto Interno Bruto, uno de los niveles más altos en décadas. Al mismo tiempo, la deuda pública ampliada alcanzó 52.6% del PIB, una cifra que ha venido creciendo en los últimos años. La presión sobre las finanzas del Estado tiene un origen claro, el crecimiento sostenido del gasto social.

Hoy, los programas de transferencias directas especialmente las pensiones para adultos mayores y apoyos a jóvenes se han convertido en el corazón del presupuesto federal. Tan sólo la pensión universal para adultos mayores beneficia a más de 13.6 millones de personas, dentro de un conjunto de programas sociales cuyo presupuesto ya supera el billón de pesos anuales.

El problema no es la política social en sí. Todas las democracias modernas destinan recursos a proteger a los sectores vulnerables. El dilema aparece cuando esos programas se vuelven estructurales, crecen año con año y no están respaldados por una expansión proporcional de los ingresos públicos.

México recauda poco. Según datos del propio gobierno, los ingresos tributarios rondan apenas el 15% del PIB, un nivel considerablemente menor al promedio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), que supera el 30%. Esa brecha obliga al gobierno a financiar parte del gasto con deuda. Es decir, cuando los ingresos no alcanzan, el Estado pide prestado. El resultado es un círculo fiscal delicado. Más deuda implica mayores pagos de intereses; más intereses reducen el margen para invertir en infraestructura, salud o educación. En términos simples, una parte creciente del presupuesto se destina a pagar el pasado en lugar de construir el futuro.

Los economistas llaman a esto rigidez presupuestaria. Cuando el gasto obligatorio, pensiones, programas sociales, deuda, ocupa la mayor parte del presupuesto, el margen de maniobra del Estado se reduce peligrosamente.

REPARTO DE DINERO CLIENTELARMENTE.

México aún no enfrenta una crisis fiscal. Pero los ingredientes empiezan a acumularse: crecimiento económico moderado, presión creciente del gasto social y déficits persistentes. Si la economía no acelera o si el sistema tributario no se reforma, el gobierno tendrá sólo dos caminos; endeudarse más o recortar.

Las crisis fiscales no nacen del exceso de solidaridad, sino de la ausencia de equilibrio. Gobernar no consiste sólo en repartir recursos; consiste también en garantizar que el dinero exista mañana.

Porque cuando la política promete más de lo que la economía puede pagar, tarde o temprano la realidad presenta la factura, y pronto la veremos.

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