Por LA COMUNICÓLOGA
Les dijeron tibios, muebles, aburridos, que no dan contenido. Hoy la audiencia que ve este tipo de reality, no quiere ver gritos, peleas, entonces para qué forzar confrontaciones.
En esta ocasión no es que se tengan habitantes aburridos, son habitantes demasiado conscientes que están dentro de un reality. Y esto cambia completamente el experimento.
Los participantes se autocontrolan, pero ya van más de 30 días, que si estuvieran en pose, ya sería demasiado desgaste para ellos.
El programa necesita espontaneidad, pero el jugador necesita control de daños, porque también se sabe que cuando salen de la casa, las marcas que representan los han abandonado.
La producción no se esperaba jugadores regulados, emocionalmente maduros. Después de tres temporadas los jugadores ya saben el juego, ellos lo están controlando, saben que una etiqueta negativa ahí adentro, permanecerá cuando salgan.

En comparación a las otras temporadas, en esta, existen pocos conflictos, los habitantes no se han mostrado vulnerables, no hay alianzas definidas, falta de protagonismo, no hay traiciones significativas.
El conflicto en sí, está en lo que necesita la televisión y lo que necesita el jugador.


