Sombras del tiempo / Mundial: al servicio del poder

Sombras del tiempo / Mundial

Fernando de Jesús Hernández Correa

Está en marcha el evento deportivo más importante del mundo, considerado así por gran parte de la población global, con evidente interés político por parte de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA).

El organismo que rige el futbol mundial ha mantenido actitudes cuestionables no solo en la actual justa deportiva, sino también en diversos eventos similares. A lo largo de la historia, varios gobiernos han aprovechado estos acontecimientos para practicar el llamado sportswashing o lavado deportivo, estrategia utilizada para mejorar su imagen pública y desviar la atención de problemas internos.

Uno de los primeros casos ocurrió durante el Mundial de 1934, celebrado en la Italia fascista de Benito Mussolini. La dictadura controló el torneo para demostrar la supuesta superioridad de su sistema político. Finalmente, Italia se coronó campeona.

 El primer Mundial organizado en México se llevó a cabo en 1970, apenas dos años después de la masacre estudiantil de Tlatelolco. Durante ese torneo, Gustavo Díaz Ordaz se mantenía en el poder y la FIFA decidió traer la competición al país, a pesar de las persecuciones, desapariciones y asesinatos de estudiantes ocurridos en ese periodo. Aunado a ello, el Mundial funcionó como una fachada ante la comunidad internacional para proyectar una imagen distinta de México.

DONAL TRUMP Y GIANNI INFANTINO; USA DE LA MANO CON LA FIFA.

El Mundial de Argentina 1978 se realizó dos años después del golpe de Estado que llevó al poder a Jorge Rafael Videla. El régimen utilizó el evento deportivo para proyectar una imagen de paz y orden frente a las denuncias internacionales por desapariciones forzadas y violaciones a los derechos humanos.

Las sedes de los Mundiales de 2018 y 2022 fueron definidas en una misma votación celebrada en 2010, posteriormente vinculada con una red de corrupción y sobornos dentro de la FIFA que involucró a varios de sus altos dirigentes.

En Rusia 2018, el gobierno de Vladimir Putin aprovechó el torneo para proyectar una imagen moderna y estable del país ante el mundo, pese a las restricciones a las libertades políticas, la persecución de opositores y las limitaciones a la prensa.

Por su parte, Catar 2022 se celebró pese a las denuncias por violaciones a los derechos laborales de los trabajadores migrantes, las restricciones a la libertad de expresión y las limitaciones a los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTQ+.

El Mundial de Norteamérica 2026 tampoco ha estado exento de cuestionamientos. La FIFA decidió mantener a México y Estados Unidos como anfitriones pese a diversos problemas políticos y sociales presentes en ambos países. En México persisten preocupaciones relacionadas con la inseguridad, las desapariciones y la influencia del crimen organizado en distintos ámbitos de la vida pública.

En Estados Unidos, las políticas migratorias impulsadas por Donald Trump han sido objeto de fuertes críticas, particularmente por las acciones del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE). Además, ante su reciente conflicto con Irán, la selección de ese país ha recibido un trato que muchos consideran injusto, pues se le ha impedido permanecer en territorio estadounidense. Debido al sorteo, deberá disputar todos sus partidos en ese país; sin embargo, ha tenido que alojarse en Tijuana. Esto implica que, para cada encuentro, el equipo deba viajar, jugar y abandonar nuevamente el país, además de someterse a revisiones migratorias minuciosas que pueden extenderse hasta cinco horas.

Gianni Infantino, presidente de la FIFA, ha afirmado que “no son los reyes del mundo”, eludiendo los problemas políticos actuales. Algunos analistas han señalado diferencias en la manera en que la FIFA ha reaccionado ante conflictos internacionales que involucran a distintos países.

El futbol suele presentarse como una herramienta para promover la paz y la unión entre las naciones. Sin embargo, la historia de los mundiales demuestra que también puede convertirse en un escenario donde convergen intereses económicos, políticos y mediáticos. Más allá de la pasión que despierta entre millones de personas, estos torneos invitan a reflexionar sobre las realidades que existen detrás de los gobiernos organizadores y de las instituciones que administran este bello deporte.

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