Propuestas para sanear la Presa Endhó de Tula

Propuestas para sanear la Presa

Por Carlos Camacho

Las fumigaciones químicas masivas para combatir el mosquito cúlex en la presa Endhó, son un riesgo para la salud de la población que habita las 21 comunidades ribereñas, la verdadera solución está en el saneamiento de los sedimentos, que concentran materia orgánica y metales pesados que fungen como incubador para la plaga.

Es la visión de la investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), Rosa Ángeles Vázquez García, quien, además, sugiere transformar el lirio acuático invasor, que asfixia a la presa, en materia prima para la generación de bioplásticos, aportando así un modelo de economía circular.

A mediados del 2024, la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), declaró la zona como área de restauración ecológica, luego de una serie de manifestaciones, marchas y plantones de los habitantes de la región que cotidianamente padecen por la contaminación del embalse.

Para la investigadora universitaria, se debe priorizar el saneamiento hídrico a fondo, pues atacar al mosquito cúlex mediante aspersión constante en las calles, es una medida de bajo impacto que expone a los habitantes de las comunidades ribereñas a un envenenamiento paulatino. La fumigación sólo puede considerarse como una acción inicial y de extrema excepción.

La raíz de esta emergencia está en el agua; la presencia masiva de mosquitos es una consecuencia directa de los niveles de toxicidad detectado en el cuerpo de agua. Para frenar el deterioro ecológico desde su origen, se deben reactivar y optimizar las plantas tratadoras de aguas residuales en la región; una estricta regulación a las descargas industriales que vierten contaminantes a los ríos y presas.

Propone la investigadora una mesa interinstitucional que incluya a los tres órdenes de gobierno, iniciativa privada y a los habitantes de la zona “capaz de devolverle el bienestar a las poblaciones afectadas”.

La presa Endhó es un embalse ubicado entre los municipios de Tula y Tepetitlán, construida entre los años de 1947 y 1953; y entonces se destinó al almacenamiento de agua para riego y el desarrollo pesquero, llegando a ser un lugar recreativo en sus primeras décadas.

Hoy es considerado un foco de contaminación crítica y una “fosa séptica” a cielo abierto, ya que recibe aguas residuales del Valle de México, metales pesados y desechos industriales. La zona enfrenta una crisis de salud y ambiental que impacta a una población de más de 250 mil habitantes de la región.

Pese a la contaminación, el agua del embalse se usa para el riego de 13 mil hectáreas de Tula y Tepetitlán. El programa de saneamiento del gobierno federal abarca 24 mil 600 hectáreas que se ven afectadas por la contaminación de la que se considera “la cloaca más grande del mundo”.

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