El fin de la hegemonía nuclear: la apuesta de Washington por un nuevo orden multilateral

El fin de la hegemonía nuclear

Por Melchisedech D. Angulo Torres/ Politólogo

La inminente expiración del tratado New START y la amenaza explícita de su suspensión, colocan al sistema internacional ante un escenario de incertidumbre sin precedentes, anticipando el posible colapso de la última pieza central de la arquitectura de seguridad bilateral heredada de la Guerra Fría.

Aunque el acuerdo permanece formalmente vigente, su fragilidad política y el deterioro de los mecanismos de cumplimiento reavivan el temor a un vacío normativo en materia nuclear. En este contexto, el vicepresidente J.D. Vance, lanzó una ofensiva diplomática de alto calibre al declarar la disposición de los Estados Unidos para liderar un proceso de desarme que ya no se limite a Moscú, sino que incorpore obligatoriamente a China y a otras potencias emergentes.

Esta postura no es una simple sugerencia, sino una evolución doctrinal destinada a enfrentar un siglo XXI donde la disuasión nuclear se diversifica y los antiguos acuerdos bilaterales resultan insuficientes para garantizar la estabilidad global.

El realismo estratégico de la administración estadounidense responde a una realidad ineludible: el acelerado ascenso nuclear de Pekín, que proyecta alcanzar alrededor de 1.500 ojivas en la próxima década. Persistir en un esquema de limitaciones que solo condicione a Washington y Moscú, mientras otros actores expanden sus arsenales sin supervisión ni transparencia, equivaldría a una negligencia histórica con implicaciones sistémicas.

Al proponer un marco multilateral, el gobierno estadounidense busca forzar una rendición de cuentas largamente postergada por parte de China, apelando a una responsabilidad compartida que toda potencia con capacidad de disuasión debe asumir si aspira a un liderazgo creíble en la comunidad internacional.

No obstante, el avance hacia un acuerdo de esta magnitud enfrenta la resistencia de Pekín, que se refugia en la disparidad cuantitativa de sus fuerzas estratégicas para rechazar su incorporación a negociaciones formales. Mientras China insiste en una supuesta “inferioridad estratégica” y se aferra a su doctrina de “No Primer Uso”, su negativa a participar limita cualquier progreso real hacia un nuevo régimen de control de armas.

J.D. VANCE, VICEPRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS.

Para la diplomacia estadounidense, estos argumentos resultan cada vez menos sostenibles en un entorno donde la innovación tecnológica, la diversificación de vectores y la velocidad del despliegue pueden alterar el equilibrio estratégico en lapsos extremadamente cortos, haciendo de la paridad un concepto dinámico y no meramente aritmético.

La posición de Rusia añade una capa adicional de complejidad, al condicionar cualquier diálogo sustantivo al levantamiento de sanciones y al contexto del conflicto en Europa del Este. Aunque Moscú reconoce públicamente el valor de la previsibilidad que ofrece el New START, su tendencia a vincular la estabilidad nuclear con concesiones políticas externas dificulta la construcción de un foro técnico despojado de presiones geopolíticas. La estrategia impulsada por J.D. Vance apunta precisamente a romper esta lógica, promoviendo un formato multilateral que diluya las tensiones bilaterales y obligue a todos los actores a negociar bajo estándares comunes de verificación y transparencia.

@_Melchisedech

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